Alimentación

Tres semanas sin azúcar ni harinas

Me parece increíble pero sí, ya llevo tres semanas sin tomar azúcar ni alimentos con harinas procesadas o carbohidratos de absorción rápida (patatas, arroz). Han sido tres semanas difíciles en las que he tenido que luchar día a día por mantenerme firme, pero de momento está valiendo la pena. Pero empecemos por el principio, voy a poneros en antecedentes.

Antecedentes

Después de mi segundo embarazo me quedé con unos 10 kilos extra. Poco a poco, gracias a la lactancia, perdí 7 de ellos; y entonces llegó la Navidad y el bebé empezó a dormir peor. Por tanto, yo empecé a dormir peor. Podía llegar a despertarme 10 veces durante la noche (de 23:00 a 7:00) y acababa desvelada cada vez, tardando 20-30 minutos en volver a caer dormida.

Esta falta de sueño me llevó a un estado de estrés y agotamiento como nunca había sentido antes, lo que provocó que mi cerebro buscara desesperadamente recompensa inmediata para generar una mínima sensación de bienestar.

¿Y cuál fue la manera que encontró… en Navidad? Turrones, polvorones, chocolate, coca cola zero zero y porquerías en general. Acabé recuperando 2 de esos kilos perdidos (si no hubiera sido por la lactancia a saber cuántos hubieran sido). Temía el momento de llegar la noche porque sabía que volverían los despertares. Yo sentía que debería comer mejor y hacer algo de ejercicio pero no encontraba el tiempo ni las ganas. Por suerte, un día apareció ante mi un directo sobre nutrición de Sandra Broa, una escritora (artista del bricolaje) a la que sigo hace tiempo.

El empujón

En el vídeo sobre nutrición, Sandra resumía los conocimientos que había adquirido con los años de interesarse por nutrición, leer libros sobre el tema y seguir a referentes en las redes sociales. La mayoría de conceptos ya los conocía (las grasas no son malas, las proteínas son necesarias, el azúcar es lo peor…) pero su manera de hablar me despertó. Hay un momento en el que desmonta todas las excusas con un ‘¡tú eres vago!’: ‘se tarda mucho en cocinar comida real’, ‘no tengo tiempo para preparar cosas’… Y la gran frase:

si te has puesto gordo comiendo así, no pretendas adelgazar comiendo lo mismo

 

Que conste que no basa su vídeo únicamente en la parte estética de cuidar nuestra alimentación, también enfatiza cómo la alimentación puede ayudar a sentirnos mejor por dentro. Ese vídeo consiguió fijarse en mi cerebro y hizo el ‘clic’ que me faltaba. Al día siguiente cociné lentejas en solo 5-10 minutos de preparación (algo que dejaba solo para algún que otro fin de semana por considerarlo una tarea muy tediosa). Mientras la olla express (en mi caso una Olla GM modelo G) cocinaba por mi, pude seguir trabajando hasta que pitó. Madre mía, qué ricas estaban aquellas lentejas. Esa misma tarde me compré un libro que Sandra recomendaba en su vídeo: Grasas Inteligentes.

Ese mismo día decidí dejar el azúcar, la harina, el arroz, las patatas, el pan… y pasarme a la alimentación real, sin alimentos ‘procesados’: pollo, salmón, lentejas, mucha verdura, fruta…

Primer resultado: si me lo dicen no me lo creo

Superar la adicción a la coca cola y al azúcar es durísimo, sin embargo, al segundo día con el cambio de alimentación, sucedió algo increíble que me cambió la vida.

Después de 3 meses sin dormir más que 30/45 minutos seguidos, ¡el bebé durmió 3 horas!

 

De hecho durmió 2 horas, después 3 y después 2 más. Cuando me desperté no me lo podía creer. Me sentía como si hubiera pasado la noche en un spa. No había habido ningún otro cambio en nuestros hábitos, ni en nuestro piso; así que tenía que ser como el principio de la navaja de Ockham: la explicación más sencilla suele ser la correcta. Mi cambio de alimentación había traspasado la lactancia (lógicamente) y había calmado al bebé. A partir de ese momento no había excusa que valiera, no había vuelta atrás.

Más resultados tras tres semanas

Este cambio de alimentación me ha proporcionado más energía, aunque parte del mérito no sea de mi organismo, si no de que el enano ya no me tiene media noche despierta.

He adelgazado los kilos que me quedaban de este embarazo y los de las navidades. Mi siguiente objetivo es conseguir eliminar los que me quedaron después de perder mi segundo embarazo (de seis semanas) y pagarlo con la comida, más o menos otros 6. Y no os creáis que paso hambre, como un montón: lentejas, verduras, frutas, huevo (cada mañana me tomo una tortilla francesa con pollo, jamón dulce o atún), pescado, yogur…

Pero además del cambio físico (que no negaré que me ayuda mucho a seguir con la motivación a tope), me noto más ágil, más centrada. Le estoy pillando de nuevo el gusto a cocinar, y estoy probando recetas nuevas con ingredientes que nunca había utilizado, como la harina de garbanzo. Me he aficionado a la quinoa y a añadir semillas en las ensaladas. Es más, ahora incluso me da menos pereza recoger la cocina tras cocinar. Y para cuando me cuesta demasiado aguantar las ganas de dulce, siempre tengo yogur natural y cacao en polvo 100% en casa (que endulzo con una gota de edulcorante, que sé que no debería, pero voy acostumbrando poco a poco el paladar), o pipas para estar entretenida 😛

Eso sí, con mi pareja y la padawan de 4 años comiendo de manera más ‘tradicional’ debo confesar que el otro día comí un trocito super super pequeño de tortilla de patata, y otro día una patata frita cuando no miraron jajajaja Es difícil cumplirlo el 100% del tiempo, espero llegar al 95% como mínimo.

¿Y vosotros, habéis intentado dejar el azúcar alguna vez?

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