Redondo es una forma 2: Conociendo Freeletics

Tras darme de baja del gimnasio donde descubrí el Entrenamiento Funcional, encontré la app Freeletics y me decidí a probarla.

Recuerdo que hice el test inicial necesario para que el Coach te asigne ejercicios acordes a tu estado físico (os hablé del tema del test inicial en el post sobre mi primera semana del reto 12 semanas).

La primera semana me pareció muy sencilla de hacer. Recuerdo leves agujetas en la abdominal (eso de que hay varias es un mito, claramente) pero nada remarcable. De modo que cada vez que el Coach me pedía mi opinión sobre la dureza de la rutina (o feedback sobre el workout, si te gusta el spanglish) le decía que podía hacer más.

La segunda semana, el Coach tuvo en cuenta todas mis opiniones y decidió subir el nivel. Agradecida por el buen funcionamiento del algoritmo, seguí adelante con todas las rutinas. De hecho, recuerdo que coincidió con unas vacaciones de Navidad en ‘mi pueblo’, una aldea perdida de montaña de Galicia, y acabé en manga corta en pleno diciembre durante un par de horas después del ejercicio (algo impensable en mi, que soy muy friolera y el resto de vacaciones estuve con camiseta térmica, forro polar y abrigo grueso/sofá pegadito a la chimenea). Las rutinas eran un poco más duras, pero aún conservaba parte de mi forma física de la época del Entrenamiento Funcional, así que mis valoraciones seguían siendo optimistas.

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La tercera semana, el Coach se picó. Sí, sé que Morfeo nos había advertido de la rebelión de las máquinas en Matrix, pero nunca pensé que empezarían antes de mi jubilación. Los entrenamientos empezaron a ser bastante más duros y no conseguí hacer ninguno de los 3 semanales en el tiempo recomendado. Mientras descansaba sin aliento entre repeticiones me acordaba de toda la familia de los programadores del Coach… muy buena gente, seguro… Mis valoraciones de las rutinas pasaron a ser neutrales, y en alguna tuve que reconocer al Coach que me había ganado y que el ejercicio había sido excesivo.

La cuarta semana, el Coach siguió ensañándose conmigo; ignoró vilmente mis valoraciones y me propuso rutinas aún más intensas. Mi motivación fue bajando durante las semanas 3 y 4 y cada vez las agujetas eran mayores, con lo cual tampoco veía mucha evolución. A esto hubo que sumarle un par de proyectos muy complicados en el trabajo que me provocaron muchas horas extra, mucho estress y algun que otro episodio de ansiedad que me dejó con las defensas muy tocadas. Con este panorama, Freeletics fue quedando en la cola de mis prioridades y dejé de hacer las rutinas en su momento, alargando muchísimo el tiempo entre rutinas, hasta finalmente abandonar por completo.

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Cosas que aprendí con esta primera experiencia Freeletics (y que espero me sirvan para mi nuevo intento):

  • No hay que mentir al Coach. El Coach no entiende de sutilezas: si le dices que el entrenamiento no ha sido suficientemente intenso o que puedes hacer más, te aumentará el nivel en la siguiente semana. Hay que intentar evitar lo de… Tu ego extiende cheques que tu cuerpo no puede pagar”
  • Freeletics no debe ser tu hobby para tu tiempo libre. Freeletics debe tener un espacio temporal asignado en tu día a día, o en tu semana. Si no lo consideras una prioridad, acabará desapareciendo de tu rutina.

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