Redondo es una forma 1: El entrenamiento funcional

Para intentar ponerme en forma tras coger 30 kilos en mi embarazo, lo primero que hice fue intentar hacer el programa Insanity en casa (¿quién dijo miedo? ¡debería haber dicho insensatez, madre mía!). Cuando el Sr.Friki llegaba de trabajar, le dejaba al cargo del bebé durante una hora y me iba a la habitación menos ocupada (vivíamos en un piso muy pequeño por entonces) con el portátil a hacer ejercicio. Realmente era muy intenso y no podía con las agujetas… más teniendo en cuenta que al día siguiente tenía que estar con la peque encima casi todo el rato. Así que entre la incomodidad del espacio, las agujetas que no cesaban y que los horarios del Sr.Friki empezaron a ser muy imprevisibles, lo fui dejando sin tener tiempo de poderlo probar de verdad.

Me puse en serio cuando volví a trabajar tras el permiso de maternidad (las 16 semanas justas) fui perdiendo algo de peso de forma natural, ya que me movía mucho más que cuidando de la peque tranquilamente.

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Conociendo el Entrenamiento Funcional

Con ‘moverme un poco’ y ‘caminar mucho’ así no era suficiente… de hecho por mi experiencia, eso solo casi nunca es suficiente para perder peso, aunque puede ayudar a mantenerte si comes bien. Al volver al trabajo me reencontré con un buen amigo/compañero que me convenció de apuntarme a un gimnasio que había al lado del trabajo para hacer ‘Entrenamiento Funcional’ (que viene siendo un CrossFit sin pagar derechos de marca). Lo que me convenció fue ver que cuando me fui de baja, yo le había engordado 15 kg compartiendo con él mis galletas/antojo de embarazada, y al volver estaba en su peso de nuevo (y sin parto de por medio, el tío).

Convencí también a mi novio, que por entonces trabajaba en la misma empresa, y a otro compañero de trabajo, y estuvimos unos 5 meses asistiendo 2 días.

Entrenamiento

En este gimnasio la rutina consistía en un calentamiento bastante intenso y después 2 rondas de 6 estaciones (ejercicios) de 30 segundos intensísimos con 10 segundos de ‘descanso’ (para moverte de una estación a otra).

El primer día fue MUY DURO. De hecho, solo llegamos a hacer el calentamiento, y al llegar a la ducha no podía ni levantar los brazos para lavarme el pelo. Creo que hasta lloré de dolor y agotamiento. Durante los dos días siguientes me costaba hasta bajar un escalón. Pero el segundo día ya pudimos hacer el entrenamiento completo, y poco a poco fuimos mejorando. Cada vez éramos más rápidos, más eficientes… Yo conseguí superar algunos miedos físicos y retos personales. Por si habéis oído los rumores, os lo confirmo desde aquí: sí, yo soy la persona que saltó a una plataforma sin impulso inicial y con los dos pies a la vez.

Asistíamos 2 días a la semana, y casi nunca faltábamos. En ese aspecto me fue muy bien ir con amigos, ya que nos divertíamos mucho pese al esfuerzo. Eso cuando no nos dedicábamos a darnos por saco castigándonos a flexiones. Los monitores (tuvimos 2) tenían un punto militar y, si te pasabas de la ralla (literalmente una ralla en el suelo) castigaban a todo tu equipo a 10 flexiones. A veces fallábamos sin querer porque los músculos ya no daban más de sí, pero alguna que otra vez simplemente nos fastidiábamos porque sí… eso es #amistadDeLaBuena, así con hashtag y todo…

Alimentación

Tanto el Sr. Friki como yo intentábamos comer bien.

A mediodía comíamos siempre carne o pescado, y lo acompañábamos siempre alternando un día de verdura con uno de arroz/pasta.

Por la noche intentábamos comer poco. Yo la mayoría de los días me hacía una ensalada con 2 tomates bien hermosos, zanahoria rallada y un poco de atún. Y el Sr.Friki se hacía un plato parecido (pero él no ama los tomates como yo). Tras el paso por mi segundo gimnasio de Entrenamiento Funcional descubrí que estábamos fallando estrepitosamente con la cena al no poner casi proteínas para la recuperación muscular durante la noche.

Desde el gimnasio nos recomendaban que para mejorar los resultados consultáramos con su nutricionista, lo que quería decir unos 30 euros más al mes (la cuota del gimnasio con funcional ya eran 72 euros al mes… que ya tiene tela).

Aún así…

Resultados

Los resultados seguían llegando poco a poco. Sí, estábamos más fuertes, incluso un día en una reunión, al cruzar los brazos me di cuenta que tenía un poco de bola en el bíceps y flipé muy mucho. Pero pese a todo los kg bajaban muy poco a poco y tampoco bajaban los centímetros. En el gimnasio seguían insistiendo (hasta excesivamente) con la nutricionista, pero el bolsillo no da para más.

Finalmente, tras el quinto mes me di de baja. Hubo dos factores decisivos:

  • Pagar 72 euros cada mes duele. Incluso duele más que las agujetas. Entiendo que hay un entrenador personal que durante 45minutos está por tu grupo exclusivamente y eso se paga, pero duele.
  • Tras 5 meses invirtiendo el tiempo y el dinero, no veía resultados claros (mi novio por suerte, sí que los tenía) y parecía que la única manera de conseguir los resultados era añadir la nutricionista, a lo cual me negaba.

Así que decidida a seguir haciendo ejercicio, investigué y descubrí Freeletics (por primera vez). En el próximo artículo os contaré como conseguí fallar estrepitosamente por venirme arriba con el Coach.

🙂

5 comentarios



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